En la oscura noche de Celaya, la Avenida Miguel Hidalgo albergaba un edificio centenario, testigo silencioso de historias que susurran entre sus paredes. Aunque ahora era hogar de la Escuela Benito Juárez, su pasado hospitalario pesaba como una sombra eterna.
Dentro de aquel vetusto recinto, una presencia inquietante se manifestaba con el sigilo de lo desconocido. Se decía que un alma errante, atrapada en los pliegues del tiempo, deambulaba por los corredores en formas cambiantes: niño, hombre o mujer. Una entidad que se resistía a abandonar la morada terrenal.
La Reverenda Madre Ugolina, quien ostentaba la posición de superiora del antiguo nosocomio, tuvo un encuentro escalofriante con el más allá. Una tarde, al percatarse de un joven de muletas que se dirigía al baño de las religiosas, se apresuró a reprenderlo. Sin embargo, al llegar al lugar, el eco de las muletas resonaba en el silencio, acompañado por una ausencia perturbadora. El niño, al que buscaba, había fallecido meses atrás en las frías habitaciones del hospital, pero su presencia se aferraba al sonido inquietante de las muletas que aún resonaban en la penumbra.
Otra de las religiosas, la Reverenda Madre Evangelina, se vio envuelta en un suceso aún más desconcertante. Mientras se encontraba en el oratorio con una compañera, tres golpes resonaron desde la azotea. Intrigada, subieron para descubrir el origen de aquel misterioso llamado. Allí, ante sus ojos aterrados, una figura femenina envuelta en una túnica blanca se desvanecía en la oscuridad de la noche. La presencia fantasmagórica desapareció sin dejar rastro, dejando tras de sí un rastro de terror y asombro.
El hospital, antiguo testigo de la brutalidad de las batallas de Celaya y los estragos de la inundación de 1912, era un caldo de cultivo para leyendas macabras. Entre las paredes marcadas por el sufrimiento y la tragedia, se incubaban relatos de almas perdidas y visiones sobrenaturales. La Escuela Benito Juárez, ahora bulliciosa de día, se convertía en un espectáculo de lo inexplicable cuando caía la noche, cuando las sombras del pasado emergían para recordar a los vivos que la muerte no siempre significa descanso.
Y así concluye esta leyenda oscura! Si te atreviste a ver hasta el final, deja un like, comparte y suscribete al canala y cuéntame en los comentarios si alguna vez has experimentado algo similar. Recuerda seguirme para más historias espeluznantes. ¡Hasta la próxima, valientes!
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